5 recomendaciones que debes aplicar de inmediato para evitar la “fatiga zoom”
¿Cuántas videollamadas has realizado en este año? ¿Podrías hacer un resumen de lo más resaltante de cada una? ¿Fueron todas, realmente, necesarias? ¿Cuántas videoconferencias tienes programadas próximamente? ¡Abrumador! ¿Cierto?
Bueno, en estos días leí una publicación donde mencionaron el término “fatiga zoom”, el cual realmente desconocía pero, como me sentí identificada, me dió curiosidad. Así que investigué un poco más al respecto, para compartirte información sobre esta situación que tomó fuerza en la “nueva normalidad” que vivimos, como consecuencia de la pandemia, y a la cual nos toca adaptarnos.
Primeramente, te explico en qué consiste esta “fatiga zoom”, porque estoy segura que tú también la has experimentado en algún momento: es un cansancio producto del agotamiento del cerebro durante las videollamadas. Ahora, a este fenómeno le acuñaron el nombre de Zoom por ser una de las plataformas preferidas para realizar esta acción, pero el efecto es el mismo en todos los portales empleados para este fin, llámese Meet, Teams, Skype, por solo mencionar alguno de los más famosos.
La presencia de las videoconferencias en la cotidianidad, como ocurre con todo en la vida, a algunas personas les ha sentado de maravilla, como aquellas que sufren de ansiedad ante la presencia de muchas personas o para aquellos que tienen dificultad para socializar, el caso de los aspergers, por ejemplo (lo cual me pareció interesante) pero para otros, y aquí me atrevería decir que la mayoría, el mal uso de estas han ocasionado hasta cierto punto fastidio, porque nada en exceso es bueno; en este caso, se agota el cerebro.
¿Y por qué se agota el cerebro? Una de las actividades que más le drena energía es el aspecto visual. El ser humano, por naturaleza, cuando conversa con otra persona se apoya mucho en el lenguaje corporal, en los gestos, y demás señales metalingüísticas que permitan comprender mejor el mensaje. Obviamente, un pequeño recuadro en la pantalla no ayuda mucho para ello. Además, es extenuante tener la mirada fija en el rostro de una persona, sin ningún elemento distractor, como sí ocurriría en una conferencia presencial. Y esto, sin mencionar el cansancio en las cuerdas vocales, por ejemplo, del que habla, al igual que la pérdida de concentración del que escucha.
Más aún cuando se activa la vista mosaico y el cerebro debe tratar de focalizar la atención.
Sin embargo, estas situaciones nos han ayudado a descubrir buenas prácticas que optimizan este tipo de actividades, para evitar la “fatiga zoom”, las cuales compartiré a continuación:
1.- Corroborar que la videoconferencia es realmente necesaria e involucrar únicamente a las personas que corresponda. Muchas veces, algunas situaciones se pueden resolver con una llamada o un correo.
2.- Tomar en cuenta el tiempo de duración. Es recomendable que las videoconferencias no duren más de 45 minutos. De hecho, y para restarle un poco de peso a Zoom por emplear su nombre para este fenómeno, la mencionada plataforma permite el uso de la misma de manera gratuita con la participación de hasta 100 personas mientras el evento no dure más de 40 minutos.
3.- No enciendas tu cámara ni micrófono mientras no sea tu turno para participar. Así se evitan elementos distractores inadecuados, al igual que momentos vergonzoso como los ya viralizados en internet.
4.- Busca descansos. Por ejemplo, minimiza la ventana de la videoconferencia, levántate un rato de la silla, mira hacia la ventana u otro elemento presente en la sala. Ojo, esto no significa que dejes de prestar atención, es solo para refrescar un poco el cerebro.
5.- Planificar adecuadamente el evento. Es decir, establecer claramente el tema a tratar y la hora de inicio y de fin de la reunión (respetando estrictamente el horario), para así evitar prolongaciones y divagaciones innecesarias.
Posiblemente, parezcan obvias estas recomendaciones. No obstante, existe una gran diferencia entre conocerlas y aplicarlas. Te invito a emplearlas, si aún no lo haces.
Para finalizar, las herramientas para facilitarnos la vida existen; todo depende del uso que se les de. Las videoconferencias, si bien ayudan en estos momentos de aislamiento, deben ser utilizadas con moderación. Y aquí me voy con un refrán, este lo emplea mucho mi papá: ni calvo ni con dos pelucas.
¿Qué te pareció la información? ¿Has experimentado la “fatiga zoom”? ¿Has empleado alguna de las recomendaciones mencionadas para evitar este fenómeno? Déjame tus comentarios, me gustaría conocer tu opinión. Incluso, puedes responderme las preguntas que realicé al inicio del texto ¡Muchas gracias por tu apoyo!
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